jueves, 12 de septiembre de 2013

LAS NAVES QUEMADAS: FRIDA KAHLO OEL AUTORRETRATO DEL SILENCIO


















Se llamaba Magdalena, primer nombre milenario, Cádiz de Cristo, o fue otra cosa nacida en las grandes iniciaciones de la pintura. Su segundo nombre Carmen, que sería bueno plasmarlo en camarería incendiaria contra cualquier mural del gobierno, compañía de planes de salud, o propaganda americana en corte “fashion”. André Breton, Marcel Duchamp, Wassily Kandinski, o el mismísimo Pablo Picasso ya la adoraban pero no fue suficiente; su pintura quedaba dormida hasta la década del 70, cuando ya rota para siempre la despedida a los convencionalismos, la hizo nacer en los labios y los ojos de las muchedumbres. Entonces Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, derrotó la muerte, se hizo llamar Frida Kahlo, y está entre nosotros, bajo un tequila y la mirada amada de Leon Trosky, la atrincherada frente de Diego Rivera, sabrosamente perdido en los lienzos de la inmortal María Félix, y ésta, con las manos rotas al piano de Agustín Lara, el genio compositor de Veracruz, con su pómulo saliente al vidrio de la prostituta que lo deseaba, tanto, tanto, que con sangre nunca se despidió de su rostro.
Pintó unas 200 obras, principalmente autorretratos, en los que proyectó sus dificultades por sobrevivir. La obra de Kahlo está influenciada por Diego Rivera, muralista glorioso que no conoció una frontera que no se rindiera a sus pies, a contemplarle por la técnica, la perspectiva, la originalidad, por el pintor completo. Con él Frida compartió su gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores mexicanos del periodo post-revolucionario. En 1938 André Breton la invitó a exponer sus pinturas en Nueva York tratando de convencerla de que en efecto eran “surrealistas” pero ella decidió que estas tendencias no correspondían con su arte ya que ella decía que no pintaba sueños sino su propia vida. Una manera de decirle a su alma, “mi retrato es tu silencio”.

Su infancia la marcaban soledades, celofanes partidos a la faz del aire, a medio exilio del sol, y los días alegres. Frida estuvo marcada desde muy temprana edad por el sufrimiento físico y las enfermedades que padeció. El primero de estos infortunios consistió en una poliomielitis que contrajo en 1913, dando inicio a una serie de sucesivas enfermedades, lesiones diversas, accidentes y operaciones. Esta primera enfermedad la obligó a permanecer nueve meses en cama y le dejó una secuela permanente: la pierna derecha mucho más delgada que la izquierda. Animada por su padre y como parte de su rehabilitación Frida practicó diversos deportes, algunos poco usuales en la sociedad mexicana de su época para una niña, como fútbol o boxeo.


Sin embargo, la evidente limitación motriz, así como las constantes operaciones quirúrgicas y tratamientos médicos hicieron que Frida se desarrollara de modo diferente y con frecuencia se viera impedida de participar con otros niños. Varios de los cuadros que luego pintara en su vida adulta reflejan la temática de la soledad de su infancia. Un ejemplo que se cita con frecuencia es la obra de 1938 Cuatro habitantes de Ciudad de México, un óleo sobre metal que muestra una pequeña niña sentada sobre una superficie en altura y ataviada con indumentaria de Tehuana. La niña parece abandonada y triste, chupándose el dedo con desolación. Ya el silencio, adusto con su caballete imitaba las tristezas de un ser que con su tránsito, habitaría todos los ojos del mundo.
Vino lo peor. El 17 de septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el bus en que ella viajaba fue arrollado por un tranvía, quedando aplastado contra un muro y completamente destruido. Regresaba de la escuela a casa, junto a Alejandro Gómez Arias, su novio de entonces. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso púbico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina.
El arte entonces, el repetirse entonces, en múltiples estadios de su esencia de mujer, se hizo definitivo, vital, así como una naranja cortada en dos mitades: la necesidad de pintar y el talento. Frida conoció a Diego Rivera a través de Tina Modotti. Anteriormente, en 1922, había tenido ocasión de observarlo, durante la realización de su primer mural en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. En 1928 había encontrado nuevamente a Diego Rivera en algunas veladas y reuniones a las que asistía con Tina Modotti, pero no había platicado nunca directamente con él. Un día se animó a visitarlo espontáneamente, mientras trabajaba en una serie de murales para el edificio de la Secretaría de Educación Pública, con el objeto de mostrarle sus propios trabajos. Diego quedó impresionado con la vitalidad y entereza de los cuadro de Frida. Se casaron el 21 de agosto de 1929. Militaron en cuadros grandiosos, grupos políticos, ágapes, viajes, el bien y el mal, el paroxismo y la desilusión. El 6 de noviembre de 1939 Kahlo y Rivera se divorcian, tras una serie de infidelidades, donde el asunto más doloroso para Frida es la relación entre Diego y su hermana. Frida regresó entonces temporalmente a su casa de Coyoacán. Es un período de ánimo depresivo en el que la artista consumió excesivamente alcohol como manera de aliviar sus sufrimientos físico y psíquico. Hay dos producciones pictóricas importantes en este período de separación: Las dos Fridas y Dos desnudos en un bosque.
Hay algo que quedó de esta unión entre el “elefante y la paloma” epíteto muy comentado para designar a la pareja de creadores, mostrando a un Diego orondo, invasivo, obeso versus una Frida mimbrada, enhiesta, sin quejumbre. Ese algo se hizo indivisible, entre ella y Diego.

En febrero de 1954 Frida escribió explícitamente en su diario acerca de sus ideas suicidas. Describiendo como una gran tortura los dolores físicos y psíquicos de los últimos seis meses señaló que aunque continúa pensando en quitarse la vida, lo único que la retiene es Diego Rivera, a quien no desea abandonar porque tiene "la vanidad" de creer que ella le hará falta. El 19 de abril de 1954 ingresó al hospital inglés tras un intento de suicidio y aunque escribió en su diario que ha prometido no recaer, el 6 de mayo, tras un nuevo intento, tienen que hospitalizarla nuevamente. Sin embargo, el ánimo y la valentía la acompañarán hasta el final: Movilizándose en silla de ruedas, el 2 de julio participó, junto a Diego de Rivera y  Juan O'Gorman en una manifestación de protesta contra la intervención estadounidense en Guatemala.
La Casa Azul, ubicada en Coyoacán entre las esquinas Londres y Allende,  fue lo otro que quedó de Frida, en su registro de nave quemada, casi viviendo en las esteras de la muerte, llena de alba, alzaba sus manos y pintaba, se pintaba, movida e inconclusa porque tenía que decirlo, y lo hizo. Allí estuvimos, y sentía las calaveras del miedo, el teatro del miedo, sentía el miedo de Frida como una humanidad negada que su único delito era tocar las puertas. Allí el tiempo se decapitó dulcemente. Hay una resolución de paz, un pasado en claro-a círculo con Octavio Paz-Esta casa había sido construida por sus padres en 1904 y aparece, también en azul, pintada por Frida en un cuadro de 1936 Mis abuelos, mis Padres y yo, un óleo y tempera sobre metal de Esta obra muestra a Frida como una niña pequeña emergiendo del patio central de la casa de Coyocán, sobre ella sus padres y en el medio del océano sus abuelos. Se ha sostenido que este cuadro demostraría que la casa siempre fue azul. Allí están sus cosas, allí está Diego con la paleta de colores, allí está el universo mismo.

Decidió llamarse Frida Kahlo,
más allá de mismo todo, donde nunca habrá distancia.


Marioantonio Rosa.© 2013

lunes, 26 de agosto de 2013

ELOGIO DE LA PUREZA





















( a manera de Ultima Actio)


Hoy no escribiré versos.
Contigo escucho letras desconocidas...
en chasquido risueño contra la sombra

es hermoso dormir mirándote
bajo un mapa de luna menguante y alborada
entonces se nos va el dolor de esa amiga que no fue
la que hace oraciones que no la conocen
la que hace ladridos de mentiras y amenazas,
y se repite en fotos dedicadas al vacío

salones de belleza, y ebrios piropos

en nombre de la poesía.

Amada,
quiero el rito de abrirme los ojos,
saber que caminé equivocado
entre almas insensibles y teatrales
Te doy amada, las gracias por tu fuerza
por la dulzura de tu rostro en nuestro desayuno
esa sencillez del ángel despojando sus sandalias
ese salto de perejil en la niñez de tus ojos
gracias por tus alas posadas en estas líneas
donde nada me intimida, y nada me falta

de la pureza tan cerca he nacido imperfecto
cercado de delitos y pecados,

pero al fin, amada,

muy lejos de la mentira.



Marioantonio Rosa.2013

 

domingo, 18 de agosto de 2013

Las Naves Quemadas: Luisa Capetillo, a donde no llegarán las cadenas

Sus padres fueron Luis Capetillo, de origen español, y Margarita Perón, de origen francés. Aquí empezaba todo, como siempre, como Antígona, como Luisa Capetillo, su verdadero nombre. Su infancia llevaba aliento de lecturas, de deliciosos desvaríos por la Literatura Francesa; su infancia tenía un sonido de gran libertad y de causa. Nunca el miedo estuvo cerca de ella. La tierra, pienso, no tenía una prisión donde su gallardía, su luminosa femineidad, su duro cedro de voz, y otras magníficas provocaciones, hicieran sombra en acercamiento. Llegando como llegó, en una época machista patriarcal fue el estrago, el mal verbo en los labios; fue esta mujer que tritura todos los horarios masculinos, insolentes, llenos de ron y frustraciones, o el complejo que embarca esqueletos a golpes, luego bajar la cabeza…y callar. Fue grandiosa, desde niño llegaba a mis oídos su nombre como un trueno humano, a veces lejano, a veces ya perdido en las fotografías hartas de belleza en su atuendo, espada y desafío, soberbia, ronca, orgullosa.


Fue todas esas mujeres que callaban, al riego del caldero, de la usanza machista-el peor de los látigos-porque dice Dios y el hombre-hombre, que la mujer vino a parir, a lavar la ropa, preparar la comida, esperar al marido: en la mesa y en la cama. Y callar, callar, su todo, su tarjeta limpia para a los ultrajes, su ganas de gritar, más que llorar, su ostra disecada con las oraciones que terminaban con la bendición y el “muy pronto cambiará” y los limbos de la razón podridos en algunos rincones de la choza donde las muecas de la pobreza, el polvo, las aguas presas en los pomos, el llorar hecho vidrios de los niños paridos, eran,  más que una rutina. Fue periodista, escritora, sufragista y trabajó como lectora en fábricas de tabaco en Arecibo, su pueblo natal.  Altiva para la sociedad y su costumbre fue afiliada a la Federación Libre de Trabajadores, con ésta viajó por toda la isla organizando a los trabajadores del tabaco y la caña. Fue la primera mujer en usar pantalones cuando se supone que no se podía, esto fue en el 1880 y fue encarcelada por llevar traje de hombre, ¿es que acaso el alma pura y libre necesita etiquetas de género, orientación sexual o grupería? “Vivimos agrupados, y ya apiñados en lo que nos hace sentir bien, discriminamos contra toda la periferia que camina por la vida. Entonces, hablamos de justicia, derechos, balance” escuché decir a Günter Grass en una entrevista radial mientras estrenaba la noticia de haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Ésas, sus palabras, entraron a mi equipaje y las puse, tiempo después, en mi mesa de escritura. Luisa, pensaba igual, no me cabe duda. Ella, hablaba el verdadero y desnudo lenguaje de los hombres.  



Nos visita todavía en sus canvas perfecto creado parala conciencia. Sus cuatro libros, Ensayos Literarios (1907), La Humanidad en el futuro (1910), Influencias de las Ideas Modernas (1916) Mi Opinión sobre los Derechos, Responsabilidades y Deberes de la Mujer (primera edición 1911; segunda edición, 1913) no hacen más que esbozar sus opiniones muy personales sobre la condición de la mujer, formadas, según ella misma explica en el prefacio de la obra, a base de sus lecturas, pero muy especialmente desde la perspectiva de sus propias experiencias. Le preocupa la condición de la mujer porque la considera un ser humano completo que tiene exigua libertad y entiende que el sistema social imperante en su época se sostiene por la ignorancia y la esclavitud de la mujer. 


En ese mismo mirador, uno de los principales planteamientos feministas de Luisa Capetillo es el hecho de que no se debe estereotipar la educación de la niña, de la mujer. Cree que no se deben enseñar unos elementos a las niñas y otros a los varones sino en una educación libre a ambos sexos, en todas las materias, incluyendo las ciencias y las artes, de un lado, y, del otro, la educación física, la gimnasia y la calistenia. Con esta publicación se convierte en la primera puertorriqueña que organiza sus ideas feministas y las publica como una tesis teórica.


El amor libre, ése, que lleva titular de pecado, fue su vivencia exacta durante toda su vida. El amor que abre la ropa del silencio y hace ruido, escándalo, subversivo y delicioso a la vez, vivaz y mundano, escrito con gemido y saliva. Luisa nunca se arrepintió de amar, a su manera, quizá la verdadera, prohibida, descontrolada, contumaz, pero al fin abrasadora. Se convirtió en la amante del Marqués de Arecibo, don Manuel Ledesma, un líder de derecha del pueblo de Arecibo que reconoció legalmente los dos hijos que procreó con ella. La condición de "amante" hizo sufrir en carne propia a Luisa Capetillo todos los prejuicios de la sociedad. Pronto decidió dar por terminada la relación, exigiéndole al Marqués que sostuviera económicamente a la hija y el hijo habidos en la relación. No le importó, ya era otra.

Ayer encontré sin aviso una foto suya. Emancipada de todo imperio humano, en la era donde las cadenas no llegaban. Vestida de hombre con una gloria erguida, soberana, la mirada desenvuelta en espadas, la frente crespa, como una gladiadora incapaz de recordarse muerta. Era cierto, no había pasado el tiempo.

Mejor aún, había regresado.

Marioantonio Rosa.© 2013

martes, 25 de junio de 2013

Las Naves Quemadas: Frances Farmer y el baile del chacal


























Precoz y hermosa tuvo la palabra. Hija de un abogado, desde pequeña destacó en su instrucción académica consiguiendo muy buenas calificaciones en el instituto. Simpatizante con las ideas de izquierda, consiguió viajar hasta la Unión Soviética tras ganar un concurso de escritura celebrado por una revista de su localidad. Certamen que en su ánfora rompió raíces hacia muchas conquistas y la cercanía a una verdad de estética e interpretación que en solitario, aún buscan la compañía que las imite. Frances era hermosa, y era precoz. Lo fue, y cuando su primer filme Come and get it (1936) del cineasta Howard Hawks  con William Wyler como actor de reparto llegó al proyector, el mundo para Frances Farmer, primera actriz, se hizo simple y rugoso como una nuez. Durante finales de los años 30 y principios de los 40, Frances Farmer apareció en títulos como "El Ídolo De Nueva York" (1937) de Rowland V. Lee, "Aventureros De Dakota" (1941) de Alfred E. Green o "El Hijo De La Furia" (1942) de John Cromwell. Su éxito color de carnaval, sudoroso en pliegos de samba como cualquier mortal rumbo a la divinidad, el gusto a Mar Pacífico de sus pintalabios, la maraca de sus pulseras, sus pasos cortos como cuando una pasión comienza a desnudarse la hicieron diva. Sabía posar entre esa herida plateada que franquean la estética y la estatua. Su mente no conocía a las mayorías. Quizás en el trueno perfecto de su cuerpo, muchas oraciones rancias se quemaron, quizás en ese verbo de la chica rubia y brillante que sabía interpretar en soberana excelencia a Chejov, Calderón o Shakespeare, perderse en las horas recitadas con Pushkin, Corbiere,  o leer acurrucada a su ternura un pasaje de Emile Zola y hasta sé que le hubiese fascinado nuestro Eduardo Lalo. Quiso ir a México para abrazarse con Frida Kahlo y el gran Diego Rivera-antes de que Diego pintara a María Félix, desnuda-juró admirar a Trosky; juró amar sus ojos de lector de los universos y de las pistolas curtidas. Hermosura e intelecto fueron criando un chacal dorado y mirra vigilante de su sombra: la otra sombra de Frances.
“Estrellato es una mala palabra porque nos llevaría al exterminio”, creo, repito, creo que eso dijo el genio de la comedia Groucho Marx mientras Bob Hope se limitaba a romperse en carcajadas. Lo digo por Frances Farmer cuyas naves echó al incendio muy joven. Las películas en las que intervenía eran pocas, pues su afición por el consumo de alcohol y su marcado carácter independiente le llevaron a mantener constantes situaciones conflictivas con los estudios. Marion Davis dijo que era “Lady Pedantry” y Frances ebria en un club administrado por Bugsy Seagal le propinó una bofetada-¿sucedió, o fue un truco de Truman Capote que la seguía a todas partes?- Su detención en 1942 por conducir borracha y las reyertas en clubs nocturnos provocaron su internamiento en un sanatorio psiquiátrico durante largos años. El chacal, estaba en el gran salón bajo los sones de Benny Goodman. Su tuxedo era placa del desierto, y en el desierto las sombras se derriban en soledad. Se abrazaron, chacal  y diva y marcaron la baldosa filosa y larga de brillo hasta el tope del mirador. La policía la hizo bajar del auto, la llevaron a interrogatorio y allí se hizo la pregunta del humo. ¿A qué se dedica? ésa, fue la pregunta. “Cocksucker” fue la respuesta y el mundo se desangró de pudor y lamía sus vitrinas paganas.


La alabo. La conocí de manos de Jessica Lange nominada al Óscar en el año 1982 por Frances, película que recoge la vida de una de las mujeres más auténticas del cine norteamericano. Y lejos de la estatua carcomida, los ojos eróticos y engreídos, el donaire de astro encerrado en jaula terrenal subyace con clara pretensión una mujer que no siguió las pautas, que se rebeló, que retó el orden que casi entre trampa y electroshock la lleva a la lobotomía. Sufrió la incomprensión en un mundo maquillado a la profecía de Marilyn Monroe o un té con aceitunas de Sofía Loren en un café de Verona. Siempre fue una mujer franca en su discurso de individualidad, feminista, prolijo. Así siguió hasta los 56 años al momento de su muerte en el año 1970.
El Chacal se habría devorado en ese Mar Pacífico en ruta por su pintalabios.

Marioantonio Rosa. 2013
Derechos Reservados

domingo, 28 de abril de 2013

Las Naves Quemadas III: Juana la Loca, o los estragos del amor


La ventana cercana a la recámara dispuesta para ella en el Castillo de Tordesillas era como el silencio, sin signos. No cabían días azules, aunque lo fueran, no cabían estaciones, no cabían cuerpos efímeros parala risa; sólo el rostro de Felipe, ya en hilachas de recuerdos, ya en guedejas perdidas en los dedos de una Felipe el Hermoso. Contar, que tenía 16 años y una vocación mística que sus padres, empujaron al olvido por razones monárquicas. Como ya era costumbre en la Europa de esos siglos, Isabel y Fernando negociaron los matrimonios de todos sus hijos con el fin de asegurar sus objetivos diplomáticos y estratégicos. Conscientes de las aptitudes de Juana y de su posible desempeño en otra corte, así como la necesidad de reforzar los lazos con el Sacro Emperador Romano Germánico Maximiliano I de Habsburgo ,contra los cada vez más hegemónicos monarcas franceses de la dinastía Valois , ofrecieron a Juana para su hijo, Felipe, archiduque de Austria, lo demás se fue escribiendo en un suave ahogamiento para pétalos, ese trago sedado que a veces el destino pisotea con su luzpropia, esa calma donde un aviso de muerte o pérdida luce desnudo y en control de todos los sentidos, incluyendo el amor. Juana, que seguía amando sin piedad, como ese beso perdido tan grande en los corredores, allá, en el tiempo, rumbo a Flandes para ser esposada con un príncipe borgoñón al que hemos conocido en nuestra historia como

Iba tras él, tras su Felipe, garboso, subliminal. Aunque los futuros esposos no se conocían, se enamoraron locamente al verse, el alma deJuana I de Castilla hecha girones, picoteaba con su pasión la piel compuesta ybella de Felipe, el hombre único, el hombre que no se fue de sus manos, aún endiscurso de locura. Así lo amó, cuerda, consciente y lo siguió amando en ese mar oscuro que brinda la psicosis, con sus celajes de frío, cristal, sangre o sombra. Irascible por los celos, vomitaba lanzas contra las amantes imaginarias y las amantes rotas en gemidos a la diestra suculenta de su marido, el rey. El mismo año en que fue jurada como heredera por las Cortes de Castilla (1502) pudo más el fuerte ejercicio del corazón, o el vigilar, como una fiera cada olor,cada pieza de ropa, cada huella en despliegue, cada culo femenino en corte,cada sombra en rizos cortesanos. Era una mujer en conflicto, porque hacía mucho tiempo su hermoso marido monarca se desnudaba en otras torres, y vaciaba suserecciones bajo diversos juegos de piernas, que estaban en el firmamento terrenal corregido a la monarquía. Ella, Juana, la loca enamorada, la hermosade alma, la que otro tiempo atrás, cuando no se encontraba todavía con los ojos de su amado partió desde la playa de Laredo (actual Cantabria) en una de las carracas genovesas al mando del capitán Juan Pérez. Fue despedida por su madre y hermanos, e inició su rumbo hacia la lejana y desconocida tierra flamenca, hogar de su futuro esposo. La travesía tuvo contratiempos que, en primer lugar, la obligaron a tomar refugio en Portland, Inglaterra, y cuando finalmente la flota pudo acercarse a Middelburg, Zelanda , una de las carracas que transportaba a 700 hombres, las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales, chocó contra un arrecife y se hundió.

No miró atrás, sus pasos, tenían el consuelo de las directrices paternales, y el camafeo de un nombre que llegando a su alma, se quedaría entre la ilusión y el calenturiento clima de las espadas. En Tordesillas, palacio alcanzado en voces de murciélagos, de esos que no se ven,pero que en las pesadillas invaden una y otra vez cada amanecer que se respira,porque ella los veía acercarse al féretro de su Felipe que solamente dormía yno necesitaba ser despertado ni molestado. Porque los murciélagos no podían posarse en el rostro mancebo, tallado al marfil, vivaz y adúltero con los ojos cerrados, disertando un sueño ligero de siesta dominical, cuando en verdad, lamuerte se acostaba día a día como puta perfecta, y se abrazaba al monarca igualmente obsesionada como la Juana enamorada que vigilaba.

Árbol magnífico de murciélagos. Ancestral y diurno. Confuego lento de continuidad, y hasta con locura. Todos los días, durante su vida enclaustrada en la hoguera del silencio, pudo ver que su hombre descansaba enhiesto sobre toda la voluntad de la tierra. Al fin el amor triunfaba y había festín de ángeles acribillados por Dios. Al fin, luego de tantas trampas diplomáticas, artilugios, seis hijos paridos, decesos de la razón, secretos de hierofantes,miraba victoriosa en su locura a su última hija, Catalina a los ojos, convencida, llena de esplendor desconocido, y pedía mesura hacia los ruidos. Los ojos limpios, sin turbidez, quizá los ojos del amor entre lo bárbaro y lo perfecto, y luego la voz, en seda pesada, como besando cuerpos, y la única frase que recuerdo:


silencio, el rey duerme.



Marioantonio Rosa. 2013
Derechos Reservados.

lunes, 15 de abril de 2013

LAS NAVES QUEMADAS II: ISADORA DUNCAN
















"Nací a la orilla del mar.
Mi primera idea del movimiento y de la danza
me ha venido seguramente del ritmo de las olas..."

-Isadora Duncan

Era cierto. Ese mar ya imantado y corpóreo bajo la longitud de la Bahía de San Francisco, la acompañaría siempre, algo así, como un equipaje tan querido, que no solo se repite en las manos, sino que sigue repitiéndose en los ojos, y de ahí hasta el alma. Hubo una danza primogénita que le brindaba celajes y artilugios,desbocados y brillantes. Muy cierto fue, que ya diva de la escena nos llevó a que no la olvidáramos nunca al pronunciar las palabras de la eternidad; “¡Adieu, mes amis. Je vais à la gloire! "en Niza, Francia, la noche del 14 de septiembre abordando el automóvil Amilcar  francés modelo GS de 1924. Horas más tarde,un accidente la llevaría a otro rumbo, sepultada en un oráculo aún sabroso para las conjeturas. Estrangulada estaba Isadora Duncan en el asiento del pasajero con su propia indumentaria, mientras otra vez dijo; “Je vais à l'amour” abrigadaa su consorte de turno el guapo mecánico italiano Benoît Falchetto, a quienella irónicamente había apodado “Bugatti”. Un tiempo atrás, estaba muy niña, mirando las olas de la bahía, viendo como sincronizaban contra el cielo yel aire, un baile perfecto y a la vez imperceptible. Allí estaba la respuesta que nunca abandonaría su espíritu, su alma o lo que sea.

La Bahía, ¿maestra del destino? No se sabe, pero Isadora desarrolló un lenguaje que la fue alejando de todo lo vivido, aprendido y registrado en los anales de la danza clásica. Lo que sucedió entre ese coito ajeno a toda carnalidad, cama o rincón razonable, se lo llevó ella, vibrante y promisora. Allí, en esa marea personalmente mágica, ocurrió la liberación que la llevaría a la leyenda. Le van fascinando las expresiones artísticas de la Grecia clásica, y muy especialmente los vasos decorados con figuras danzantes. De ellas adoptará algunos elementos característicos de su danza, tales como inclinar la cabeza hacia atrás como las bacantes. Es en este ademán ya perdido por los dioses, donde brotará pura y magnética la rúbrica de Isadora; lo demás fueron los aplausos, frondosos bosques color cristal que le besaban los hombros y le decían al oído las albas necesarias para su consagración. Su vida fue un anillo de naves quemadas siempre; su vida tuvo el vociferar que la pérdida acostumbra desfilar contra las almas, pero en ella, ni siquiera se acercó. Fue su victoria. Anduvo sola, quizá me parece que su mejor acompañante fue ese gran baile que echaba sal en su oblicuidad, echaba sombras blancas que le recogían el sueño,las visiones, y otros personajes en catálisis. Ese Expresionismo, grande en fiebres, definido en la Alemania del Siglo XX y descrito como la deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, dando primacía a la expresión de los  sentimientos  más que a la descripción objetiva de la realidad, fue la que hizo mujer extrapolable, sobre todo ámbito, cuerpo geográfico, o espacio.

¿La visitó el amor? Ella siempre tuvo la puerta abierta, muy libre, cortando su propia época y los géneros. Su cama talentosa era bisexual, pero yo persigo el celaje de Sergei Esenin, poeta que he amado desde que leí sus versos, o mejor, su poema invencible María Posádnitsa el cual la censura zarista vetó. El Poeta Esenin reconocido por Gorki como exponente de la intelectualidad campesina. Sergei Esenin, el visionario que se  propuso explicar el arte y el universo poético, a través de toda una teoría, vertida con audacia en su ensayo Las llaves de María y en el artículo Arte y vivencia, donde discursaba que todo arte está basado en imágenes y es en la plasticidad de dichas imágenes es que se constituye la clave del arte popular.

Tal vez en ese momento, sus labios se unieron a los de Isadora, que pensaba lo mismo, miles de millas de distancia, en otro tiempo, frente a la Bahía de San Francisco. Y se unieron, y fue amor, pero las trampas del alcohol y la nostalgia lo llevaron al suicidio, pero Isadora se lo llevó como un prendedor a la raíz de su alma y de su aliento. Ella dice que lo quiso, y el final desaparece en la lectura de sus espejos; el poeta vive todavía con ella, sin despedirse.

Verla, casi inhibida de gravedad, con esa cabriola de asalto que hacen las mariposas parece regresar hoy a la frontera demi café y de este domingo entre el amor y el silencio. Verla como esa antorchalenta y sin trifulca que va bordando el costado de la escena, adivinando, abriendo, siguiendo un cielo para traerlo y dejarlo ahí ante nuestros ojos, con revolución y liberación, sin desmayo y dispuesto a perderse en nuestros sentidos. Pincel perfecto, que zozobra en su estatua, para la vida, para el mundo. Isadora era una niña solitaria y retraída que solía jugar en la playa mientras observaba el mar.

Esa noche del 14 de septiembre, bien vestiday llena de luna dijo unas palabras. Ella supo lo que dijo.



Marioantonio Rosa 2013
Derechos Reservados


La vida en el espejo: conversación de máscaras, a dúo con Lulú Collazo
















Tener los labios cerrados, con olvido,
la mirada fuerte para llorar,
el sonido de navajas que llevan las mentiras
y este corazón ante el espejo

solitario y de nosotros
en ese vuelco donde la sorpresa está desnuda,
has estado con ella, y su silencio

dos palabras de sombra, se me abrazan.

Tu mascarada es el eco de una madrugada,
ateísmo a nuestro signo connubial...  
el amante ha salido a presentar su carta:
las negaciones...al cantar de mi gemido,
tres o más...perdí la cuenta...
artificio húmedo para recatar la huida. 

Y huyes,
aprendes a llorar como los árboles,
te arrodillas, pides un beso de misericordia
y abres la sábana que nos encadena.

Soy siempre extranjera al gesto,
te acepto con ramas secas de desierto...
erguido, besas dos fragancias de dátiles
y yo, tus treinta monedas de sangre. 

Lulú Collazo
Marioantonio Rosa