(Contemplaciones a un discurso de José Mujica magno Presidente de Uruguay)
de silencio en tierra pura, de alabanza al rostro,
me hubiera gustado escucharte en la campiña desposeída
donde van a parar los poemas hijos de la tierra
donde el eco del hombre triste es amor al arcoiris
y esos niños desnudos, pobres, ya soleados de ángeles
ponen en tu boca el arado y la justicia
y la madre en duermevela te revela la pureza
como si fueras mensajero contra el llanto y la sed
o quizás otra oración perdida por los labios.
Me hubiera gustado conversarme a tu figura
ir por la calles poniendo en las paredes cada letra de tus palabras
en el grafitti perseguido, en la música del incendio y el destierro;
lavar los pies a una pobreza que nos desgarra como patria.
Comer en silencio con el anciano olvidado
después, ir al mar y traerlo como canasta de prodigios,
pasar la tarde en la hamaca tachonada en soledad
y descubrirle una luna a los ciegos, echar las inundaciones
donde el milagro adquiere figura de lienzo y nos cobija,
como quisiera de tu discurso, una nana de salvación.
Pero la poesía solo me deja cantarte,
acercarme un poco a tu ánfora de esplendor
donde tejes geografía y prisma para los días
y el silencio tiene densas muertes que no se recuerdan
si vinieras a mi patria,
mi patria lluviosa, rasgada y sola
y disertaras en la mejor sala de los burgueses,
o los burgueses literarios que hacen listas de exclusión
o si saludaras con esperanza al obrero en su almuerzo,
dijeras que la política no es eliminar fondos a casas de albergue,
o le dijeras a los emporios, "La Naturaleza es Dios"
o echarte una cerveza junto a los desconsolados
los que el poeta debe escuchar como oficio en su escritura
ah mi admirado hombre de las naciones, somos nada,
y tu nos dices que los pueblos deben salvarse
deben nacer contra la noche sin memoria
Pero yo te canto en este canto tan disímil
por si después del tiempo,






