lunes, 26 de agosto de 2013

ELOGIO DE LA PUREZA





















( a manera de Ultima Actio)


Hoy no escribiré versos.
Contigo escucho letras desconocidas...
en chasquido risueño contra la sombra

es hermoso dormir mirándote
bajo un mapa de luna menguante y alborada
entonces se nos va el dolor de esa amiga que no fue
la que hace oraciones que no la conocen
la que hace ladridos de mentiras y amenazas,
y se repite en fotos dedicadas al vacío

salones de belleza, y ebrios piropos

en nombre de la poesía.

Amada,
quiero el rito de abrirme los ojos,
saber que caminé equivocado
entre almas insensibles y teatrales
Te doy amada, las gracias por tu fuerza
por la dulzura de tu rostro en nuestro desayuno
esa sencillez del ángel despojando sus sandalias
ese salto de perejil en la niñez de tus ojos
gracias por tus alas posadas en estas líneas
donde nada me intimida, y nada me falta

de la pureza tan cerca he nacido imperfecto
cercado de delitos y pecados,

pero al fin, amada,

muy lejos de la mentira.



Marioantonio Rosa.2013

 

domingo, 18 de agosto de 2013

Las Naves Quemadas: Luisa Capetillo, a donde no llegarán las cadenas

Sus padres fueron Luis Capetillo, de origen español, y Margarita Perón, de origen francés. Aquí empezaba todo, como siempre, como Antígona, como Luisa Capetillo, su verdadero nombre. Su infancia llevaba aliento de lecturas, de deliciosos desvaríos por la Literatura Francesa; su infancia tenía un sonido de gran libertad y de causa. Nunca el miedo estuvo cerca de ella. La tierra, pienso, no tenía una prisión donde su gallardía, su luminosa femineidad, su duro cedro de voz, y otras magníficas provocaciones, hicieran sombra en acercamiento. Llegando como llegó, en una época machista patriarcal fue el estrago, el mal verbo en los labios; fue esta mujer que tritura todos los horarios masculinos, insolentes, llenos de ron y frustraciones, o el complejo que embarca esqueletos a golpes, luego bajar la cabeza…y callar. Fue grandiosa, desde niño llegaba a mis oídos su nombre como un trueno humano, a veces lejano, a veces ya perdido en las fotografías hartas de belleza en su atuendo, espada y desafío, soberbia, ronca, orgullosa.


Fue todas esas mujeres que callaban, al riego del caldero, de la usanza machista-el peor de los látigos-porque dice Dios y el hombre-hombre, que la mujer vino a parir, a lavar la ropa, preparar la comida, esperar al marido: en la mesa y en la cama. Y callar, callar, su todo, su tarjeta limpia para a los ultrajes, su ganas de gritar, más que llorar, su ostra disecada con las oraciones que terminaban con la bendición y el “muy pronto cambiará” y los limbos de la razón podridos en algunos rincones de la choza donde las muecas de la pobreza, el polvo, las aguas presas en los pomos, el llorar hecho vidrios de los niños paridos, eran,  más que una rutina. Fue periodista, escritora, sufragista y trabajó como lectora en fábricas de tabaco en Arecibo, su pueblo natal.  Altiva para la sociedad y su costumbre fue afiliada a la Federación Libre de Trabajadores, con ésta viajó por toda la isla organizando a los trabajadores del tabaco y la caña. Fue la primera mujer en usar pantalones cuando se supone que no se podía, esto fue en el 1880 y fue encarcelada por llevar traje de hombre, ¿es que acaso el alma pura y libre necesita etiquetas de género, orientación sexual o grupería? “Vivimos agrupados, y ya apiñados en lo que nos hace sentir bien, discriminamos contra toda la periferia que camina por la vida. Entonces, hablamos de justicia, derechos, balance” escuché decir a Günter Grass en una entrevista radial mientras estrenaba la noticia de haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Ésas, sus palabras, entraron a mi equipaje y las puse, tiempo después, en mi mesa de escritura. Luisa, pensaba igual, no me cabe duda. Ella, hablaba el verdadero y desnudo lenguaje de los hombres.  



Nos visita todavía en sus canvas perfecto creado parala conciencia. Sus cuatro libros, Ensayos Literarios (1907), La Humanidad en el futuro (1910), Influencias de las Ideas Modernas (1916) Mi Opinión sobre los Derechos, Responsabilidades y Deberes de la Mujer (primera edición 1911; segunda edición, 1913) no hacen más que esbozar sus opiniones muy personales sobre la condición de la mujer, formadas, según ella misma explica en el prefacio de la obra, a base de sus lecturas, pero muy especialmente desde la perspectiva de sus propias experiencias. Le preocupa la condición de la mujer porque la considera un ser humano completo que tiene exigua libertad y entiende que el sistema social imperante en su época se sostiene por la ignorancia y la esclavitud de la mujer. 


En ese mismo mirador, uno de los principales planteamientos feministas de Luisa Capetillo es el hecho de que no se debe estereotipar la educación de la niña, de la mujer. Cree que no se deben enseñar unos elementos a las niñas y otros a los varones sino en una educación libre a ambos sexos, en todas las materias, incluyendo las ciencias y las artes, de un lado, y, del otro, la educación física, la gimnasia y la calistenia. Con esta publicación se convierte en la primera puertorriqueña que organiza sus ideas feministas y las publica como una tesis teórica.


El amor libre, ése, que lleva titular de pecado, fue su vivencia exacta durante toda su vida. El amor que abre la ropa del silencio y hace ruido, escándalo, subversivo y delicioso a la vez, vivaz y mundano, escrito con gemido y saliva. Luisa nunca se arrepintió de amar, a su manera, quizá la verdadera, prohibida, descontrolada, contumaz, pero al fin abrasadora. Se convirtió en la amante del Marqués de Arecibo, don Manuel Ledesma, un líder de derecha del pueblo de Arecibo que reconoció legalmente los dos hijos que procreó con ella. La condición de "amante" hizo sufrir en carne propia a Luisa Capetillo todos los prejuicios de la sociedad. Pronto decidió dar por terminada la relación, exigiéndole al Marqués que sostuviera económicamente a la hija y el hijo habidos en la relación. No le importó, ya era otra.

Ayer encontré sin aviso una foto suya. Emancipada de todo imperio humano, en la era donde las cadenas no llegaban. Vestida de hombre con una gloria erguida, soberana, la mirada desenvuelta en espadas, la frente crespa, como una gladiadora incapaz de recordarse muerta. Era cierto, no había pasado el tiempo.

Mejor aún, había regresado.

Marioantonio Rosa.© 2013